#CRÓNICA: México amaneció entre el humo y el coraje: una crónica tras el pipazo en Santa Martha.

México amaneció entre el humo y el coraje: una crónica tras el pipazo en Santa Martha.

Por: Jorge Cárdenas Reyes / Reportero.


Hoy el país despierta con el corazón encogido y la rabia apenas contenida. Tras el brutal estallido de una pipa en Santa Martha Acatitla, las cifras empiezan a tomar forma: ya hay vidas que lamentar, centenas de heridos y un barrio entero marcado por el estruendo y el fuego. Y como si el eco del pasado no nos dejara dormir, muchos no pudimos evitar recordar la tragedia de San Juanico, allá por 1984, cuando el cielo también se tiñó de negro y la palabra "negligencia" fue enterrada bajo toneladas de burocracia.

Lo de ayer no fue un accidente. Fue el resultado de un sistema que insiste en jugar con fuego, literalmente. Porque aunque todos veíamos venir que cargar dos remolques de combustible es una locura que desafía la física, la lógica y el sentido común, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) siguió otorgando permisos como si fueran fichas de dominó. ¿La razón? Pues que a los dueños de los transportes les sale más barato hacer un viaje con doble remolque que dos viajes por separado. ¿Y la seguridad de la gente? Bien, gracias.

Hoy es inevitable preguntarse: ¿cuántas veces más vamos a permitir que la rentabilidad pese más que la vida humana? ¿Cuántas tragedias nos faltan para que el gobierno deje de dar licencias con los ojos cerrados y la mano extendida?

Lo más doloroso es que la tragedia no solo estalla: también deja cicatrices. Y ahí están los vecinos, los cuerpos de emergencia que llegaron al límite, las familias que lo perdieron todo en un segundo. Porque no solo se incendió una pipa. Se quemó, otra vez, la confianza en un sistema que parece incapaz de aprender de sus errores.

Han pasado seis años desde la última vez que escribí algo. Me prometí guardar silencio, dedicarme a otras batallas, pero hoy, frente al horror y la impotencia, retomo las palabras como un acto de solidaridad. Porque si algo nos queda, es alzar la voz por quienes ya no pueden.

Y como dice la Mariana Saints, “Septiembre y México no se llevan muy chido”. Y tiene razón. Cada año, este mes llega con sus sismos, explosiones, inundaciones y recordatorios de que en este país, el patriotismo muchas veces se vive entre lágrimas y escombros.

Así que propongo, con todo respeto y un poco de humor negro: que por decreto presidencial eliminemos septiembre del calendario mexicano. Que pase de agosto directo a octubre. Total, ya bastante tenemos con el tráfico, la inflación y los noticieros.

A todas las víctimas, heridos, rescatistas y vecinos afectados: fuerza, corazón y abrazo solidario. Hoy México duele, pero también se levanta.

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